Howard Gardner, psicólogo estadounidense, desarrolló en la década de los 80s la teoría de las inteligencias múltiples, señalando que el ser humano puede tener inteligencias diferentes que trabajan o se desarrollan de forma semi-autónoma. En este sentido, cada niño las desarrolla de forma diferente de acuerdo a la estimulación que reciba o, bien, a sus potenciales personales. Es decir, existe más de una forma de ser inteligente.
En el contexto escolar, la teoría de las inteligencias múltiples permite que el alumno afiance niveles de logro y reciba reconocimiento por ello, lo cual impacta de manera positiva en la  autoestima del niño y en la construcción de su felicidad. Siendo así, resulta vital que en las escuelas los docentes sepan detectar las inteligencias de cada alumno, con el fin de  aprovechar al máximo la capacidad de cada niño y convertirlos en niños multicompetentes.
Asimismo, y de forma paralela, es importante que los padres de familia impulsen estas inteligencias en sus hijos en el ámbito familiar, detectando el tipo de inteligencia que predomina en sus hijos.
Pero, ¿Cómo explotar los talentos de los niños?
Es importante que observen cuáles son las aptitudes más desarrolladas en ellos; es decir, con qué tipo de perfil se identifican en mayor medida. Posteriormente, hay que ayudarlos a potenciar sus diferentes tipos de inteligencia. Éstos serían algunos de los ejemplos:
Hay niños que muestran habilidad en los deportes y que siempre está en movimiento, lo cual significa que tienen una inteligencia cinético-corporal. Una forma de fomentarla es inscribiéndolos, por ejemplo, a clubes deportivos o  a clases de danza.
Si se divierten escuchando ritmos y melodías, tienen desarrollada la inteligencia musical, para lo cual conviene que participen, por ejemplo, en cursos de cualquier instrumento musical o en clases de canto.
Hay niños que disfrutan escribiendo y leyendo, y muestran, además, una gran facilidad para aprender idiomas; son niños con inteligencia lingüística, ante lo cual se recomienda inscribirlos, por ejemplo, en un taller de cuentos infantiles.
 
Si invierten buena parte de su tiempo en dibujar, lo más probable es que sean niños coninteligencia espacial. Si los llevan a lugares como museos de arte, clases de pintura, les compran rompecabezas o, simplemente, juegan con ellos a armar figuras con bloques de plástico, será una buena manera para divertirse juntos.
Cuando los niños disfrutan al observar o cuidar a una mascota o planta, significa que cuanta coninteligencia naturalista. Para estos niños la actividad ideal sería un paseo por el zoológico, una visita al jardín botánico o, simplemente, ver un documental de naturaleza.
Asimismo si tienen facilidad para memorizar números o datos y comprenden la lógica de las cosas, significa que tienen desarrollada la inteligencia lógico-matemática. Para potenciarla, se recomienda inscribirlos, por ejemplo, a clases de  ajedrez o invitarlos a resolver acertijos.
Finalmente, cabe destacar que el mejor lugar para estimular la inteligencia de los niños es la escuela. De ahí la importancia de que los padres de familia elijan una escuela cuya metodología se base en aspectos como el desarrollo de las inteligencias múltiples, y que, en este sentido, apliquen la teoría de Gardner, lo cual permite que los niños desarrollen diferentes inteligencias y que “prueben” el éxito de sus habilidades. Esto afianza el sentimiento de capacidad que, como consecuencia, promueve en los niños la felicidad, lo cual es un ingrediente primordial para un óptimo proceso de enseñanza-aprendizaje dentro de las aulas.

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