El Papa expresó su deseo de colaborar en la vuelta del club de sus amores a Boedo. Y posó con la casaca con la leyenda “Me verás volver”.
Es allí donde el recuerdo de su padre, jugador de básquet amateur, proyectaba catedrales de sombra los días en que el sol brillaba para San Lorenzo.
Es allí donde estaba el mítico Gasómetro y donde los hinchas de San Lorenzo sueñan con volver. Es allí donde el Papa Francisco quiere volver.
 
No es un sueño más, es pura información: el Papa acaba de expresar su apoyo al emprendimiento cooperativo y de cariño más grande que haya producido un club de fútbol en todo el mundo, que es el de juntar plata entre todos los hinchas para recomprar el terreno de la Avenida La Plata al 1700, donde estaba el viejo estadio, para levantarlo nuevamente allí y así salvar esa parte de la memoria del barrio natal.
 
-¿Cómo va la vuelta a Boedo?- preguntó Francisco en su salida de ayer a la Plaza San Pedro.
 
-Muy bien, ya tenemos como 19 mil metros cuadrados pagos por la gente y estamos por firmar un acuerdo con la empresa propietaria- le contestó Daniel Peso, integrante de la Subcomisión del Hincha del CASLA, provocando una reacción inesperada:
 
-¡Y qué pasa con lo mío, quiero comprar un metro!- lo sorprendió el Pontífice, el hincha más ilustre del Ciclón en su historia.
 
Como si fuera poco, el Papa desplegó la remera que simboliza ese deseo del regreso a Boedo, con la leyenda “Me verás volver”, y recordó que de chico iba al Viejo Gasómetro de la mano de su padre, entonces el altísimo, aunque después apareció en su vida uno mucho más alto.
 
Sonriente, el Papa ojeó tres libros de Adolfo Res, el historiador más destacado de San Lorenzo, titulados “El Glorioso San Lorenzo”, “Avenida La Plata nos Espera” y “Los Matadores”.
 
En la conversación cuerva en las baldosas de la plaza vaticana, Daniel Peso le pidió al Papa que bendiga las gestiones y el acuerdo que el club discute con la empresa Carrefour, para que concrete la venta del terreno ocupado, y Francisco contestó:
 
-Por supuesto que lo haré.
 
Y así, por unos minutos, Francisco sobrevoló aquellos instantes de cuando tenía 9 años y vio jugar a los fantásticos Farro, Pontoni y Martino, que es como decir hoy Iniesta. Neymar y Messi. Y pensó además que la vuelta es futuro.



EFE

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