Nueva York- Melancólica, frustrante y evidencia contundente del talento de los directores Joel y Ethan Coen (No Country for Old Men, Fargo). Inside Llewyn Davis, el aclamado drama de CBS Films que finalmente estrena hoy en Puerto Rico, es uno de esos ejercicios cinematográficos que con inteligencia y humor juega con las emociones para luego abandonarlas en el esfuerzo de lograr un planteamiento intelectual.

Este cambio de táctica es típico de los Coen (el filme tiene ecos lejanos de Barton Fink y A Serious Man) y en este caso no es tan abrupto como en la última sección de No Country for Old Men. Sin embargo, en esta ocasión esto llega acompañado de la maravillosa actuación de Oscar Isaac en el rol titular y de una estructura dramática que, a pesar de ser infinitamente exasperante, le da a la producción una cualidad seductora. La película es como una colección de canciones agridulces y disparejas que han sido agrupadas con delicadeza en un solo álbum.
Al igual que en otros de sus filmes, la música es clave, lo único es que en ésta película, es la herramienta dramática esencial. La primera vez que el espectador ve a Llewyn Davis (Isaac), el cantautor está en una tarima interpretando la canción de Dave Van Rok Hang Me Oh Hang Me y es un momento mágico. La escena captura cómo un artista canaliza su alma en lo que hace y cómo el público conecta con él. La escena siguiente es una metáfora para el resto del filme. Después de terminar, el protagonista sale a fumar un cigarrillo y recibe una paliza.
Ese es solo uno de los muchos golpes que Llewyn Davis recibe. Rápidamente nos enteramos de que el protagonista no es un artista exitoso. No tiene donde vivir, sus discos no se están vendiendo y es muy probable que un desliz romántico con la novia de un compañero haya resultado en un embarazo. Y eso es solo el comienzo de los muchos bandazos que va a dar el personaje; un hombre con un talento inmenso que la mayoría del tiempo se comporta como un ser humano detestable. Esa contradicción es solo parte de lo que destaca la interpretación de Oscar Isaac en el rol titular. Con la sutileza de un veterano, el actor guatemalteco logra filtrar todas las imperfecciones de Llewyn en un manto de frustraciones, furia y melancolía que no dejan de estar presente aun cuando no desnuda esos sentimientos con su música.
La interpretación de Isaac es solo una de las muchas cosas que hay para admirar. Los Coen logran capturar perfectamente el universo artístico de Greenwich Village en el Nueva York de los 60 y cada secuencia musical es aun más especial que la anterior. Aún con todo esto a su favor, la forma peculiar en que los Coen han estructurado la desaparición de Llewyn Davis a la oscuridad del anonimato se siente particularmente hueca emocionalmente. El reafirmar que el talento que pueda tener un artista no lo salva de los virajes crueles que tenga el destino resulta ser un planeamiento bastante simple para un filme que ha sido construido con tanto talento.

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