El sumo es el deporte más sagrado de Japón, pero desde hace casi una década ningún luchador local ha conseguido hacerse con un Gran Torneo, que conquistan año tras año los motivados “rikishi” extranjeros.
La última vez que el público nipón vio a “uno de los suyos” levantar la copa de campeón fue en enero de 2006.
Desde entonces, los luchadores mongoles y de países de Europa del Este, como Bulgaria y Georgia, se han adjudicado los últimos 47 torneos disputados.

Este domingo, cuando concluya el Gran Torneo de Fukuoka, el último del año, casi con toda seguridad la maldición se volverá a repetir y ningún japonés levantará el preciado y enorme trofeo.
El reinado de los voluminosos luchadores foráneos es abrumador a pesar de que son minoría en la división “Makuuchi”, la más alta de este deporte de lucha.
De los 42 “rikishi” solo 16 han llegado de fuera de las fronteras de Japón.
“Los extranjeros tienen un espíritu de lucha más fuerte que el de los nipones ya que no están en su país y tienen que esforzarse por demostrar su valía”, explica a Efe Mark Buckton, periodista especializado en sumo del diario tokiota “The Japan Times”.
Los luchadores de sumo, que pueden llegar convertirse en verdaderas estrellas idolatradas en Japón, solo cobran por combatir en las dos primeras divisiones de este deporte.
Esto hace que los extranjeros tengan una “motivación extra” para ascender a las máximas categorías, dado que su situación económica es “más complicada” que la de los nacionales.
“Suelen venir de países económicamente menos fuertes que Japón en los que además existe una cultura deportiva en otros estilos de lucha, como es el caso de Mongolia, Bulgaria o Georgia, entre otros”, apunta el periodista.
El principio de la caída de la hegemonía absoluta de los luchadores nipones llegó en 1992, cuando por primera vez un extranjero ganó en uno de los seis Honbasho (Grandes Torneos).
La hazaña la llevó a cabo Akebono Taro, un luchador de origen hawaiano, que además fue el primer “no japonés” que recibió el título de “Yokozuna” (Gran campeón), rango que alcanzan solo los mejores combatientes.
Su éxito animó a otros luchadores de fuera a que vinieran a Japón, un país que se protege de la invasión exterior pero que aplaude y eleva a rango de estrella a los mejores luchadores vengan de donde vengan.
En los tradicionales “establos”, donde los luchadores viven y se forman desde muy jóvenes, sólo puede haber un “rikishi” extranjero al mismo tiempo, lo que limita mucho su número en las grandes competiciones.
Sin embargo, el dominio de los foráneos en Japón es a día de hoy tan abrumador, que los dos únicos “Yokozuna” actuales, Hakuho y Harumafuji, son de origen mongol.
Buckton explica que los dos “Yokozuna” están técnicamente por encima del resto y es “complicado” que a día de hoy un japonés gane uno de los seis Grandes Torneos anuales mientras estos dos mongoles estén en activo.
“Harumafuji es más irregular, mientras que es posible que Hakuho se convierta en el luchador más importante de la historia si sigue con la trayectoria actual”, indica.
De lo que no cabe duda es de que el público nipón no ve con malos ojos el dominio foráneo de su deporte más sagrado ya que a los fanáticos seguidores de sumo no importa la procedencia de los luchadores, sino su destreza, habilidad y gracia en el combate.
El alto nivel competitivo en estos momentos puede estar haciendo que la afición no disminuya, y a pesar de la avanzada edad de gran parte del público, los más jóvenes siguen llenando las gradas más altas de los estadios, que se abarrotan con miles de personas para cada gran torneo.
“Es difícil saber cuánto más durará el dominio de los ‘no nipones’, pero para ello primero tendremos que ver primero la caída del campeón Hakuho, quien es posible que siga marcando la diferencia durante los próximos cinco años”, sentencia el experto.


EFE

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