Hace poco el humorista y alcalde de Reikiavik, Jón Gnarr, volvió a burlarse de la política al disfrazarse de jedi para votar. Sus locuras, por absurdas y excéntricas que parezcan, han ayudado a revitalizar a un país golpeado por la crisis.


Traer un oso polar al zoológico, dar toallas gratis en las piscinas y construir un Disneyworld en el aeropuerto. Con esas y otras propuestas que prometió incumplir, el comediante Jón Gnarr logró ser elegido alcalde de Reikiavik en 2010.


Un año antes había creado en chiste BestiFlokkurinn (el Mejor Partido) para protestar contra los banqueros y políticos que habían desencadenado la peor crisis financiera del país. “Creo que cumplo todos los requisitos: trabajé en un manicomio muchos años, casi completo un certificado para ser capitán de veleros pequeños y según mi licencia puedo manejar un camión”, anunció cuando lanzó su candidatura. Poco después puso un anuncio en el periódico que decía: “El Mejor Partido desea conocer gente amable de 18 a 90 años”. También subió a las redes sociales una adaptación de la canción de Tina Turner, Simply the Best, que se volvió el himno de su campaña.

Entre chiste y chanza, la popularidad de Gnarr creció y en junio de ese año, acompañado por una inusual mezcla de punkeros, poetas y músicos, se posesionó como alcalde de Reikiavik. Para calmar a los conservadores, les aclaró en su discurso: “Nadie tiene que tener miedo, pues el Mejor Partido se llama así porque es el mejor partido. Si no lo fuera se llamaría El ‘Peor Partido’ o un ‘Mal Partido’”. Luego, en su primera semana intentó sin éxito cambiar el nombre de la ciudad a Gnarrenburg, en honor a un show que él había protagonizado.

Pero a pesar del tono burlón que ha caracterizado la carrera política de Gnarr, detrás de algunos de sus chistes hay un mensaje. Con la idea del oso polar, por ejemplo, el comediante pretendía llamar la atención sobre el calentamiento global y sobre cómo el derretimiento del Polo Norte ha contribuido a que esa especie haya empezado a aparecer en Islandia. También insistió en la idea de las toallas para que las piscinas lograran el estatus de spa bajo normas europeas y así atraer más turistas.

Gnarr nació en Reikiavik, la capital más septentrional del mundo. Cuando era niño sufría de dislexia y déficit de atención, por lo que tuvo que pasar su infancia de hospital en hospital. Desde entonces desdeñó las instituciones y se refugió en lecturas anarquistas y en la banda de punk inglesa Crass. 

A los 13 años decidió que el colegio no le podía enseñar nada y tres años más tarde lo dejó para unirse a la escena punk. Formó un grupo e incluso se fue de gira con la banda de Björk, la cantante más famosa del país. Más adelante saltó a la fama interpretando a un marxista neurótico en una serie de comedia.

Como era de esperarse, Gnarr ha adoptado posiciones alternativas desde que se convirtió en alcalde. Hace poco llegó a las urnas vestido como el jedi Obi-Wan, de Star Wars, para votar por primer ministro. 

Además, en el Día del Orgullo Gay se disfrazó como un travesti; también tiene tatuado el escudo de la ciudad en un brazo y a menudo recoge basura en la calle para luego subir sus hallazgos a Facebook. Pero quizá su logro más importante es haber creado Better Reykjavik, una plataforma virtual donde la gente puede participar directamente en las políticas de la ciudad y votar con likes (Me Gusta) las mejores propuestas.

Hace unos meses el alcalde declaró que no se volverá a lanzar a mediados del próximo año, pues su verdadera vocación es la comedia. Sin embargo, cree que está a punto de emerger una nueva ola de partidos que le den prioridad a la felicidad y a la participación: “El Mejor Partido es como el primer mamífero en una tierra de dinosaurios. Los dinosaurios no saben que su tiempo se acabó y el pequeño animalito, por ahora escondido en un hueco, es el futuro”.


EFE

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