La vida real no tiene filtro. Lugares, los rostros y los escenarios en la vida real no requieren una aplicación para que los apreciemos como son: esa es la apuesta del proyecto artístico del británico Bruno Ribeiro, cuya puesta estética es el arte interactivo que juega con la preocupación de algunos sobre la despersonalización que para algunos trae la tecnología.

“Instagram de la vida real” es un proyecto con varios cartones repartidos por Londres que imitan la interfaz de Instagram para compartir imágenes y que tiene varios trozos de papel que simulan los filtros que ofrece la aplicación para móviles. Sólo que esta apreciación no requiere ningún smartphone.
El mensaje del artista es que la vida se disfruta mejor sin filtros como los deInstagram, pero queda a la apreciación de quien vive, disfruta y camina por las calles de una ciudad, cómo es que se mira mejor el paisaje, si es a través de un lente o sólo prestando atención a los pormenores de una escena cotidiana.

EFE

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