Marco Deluca llegó desde Italia hace más de 20 años a Cuba, fundó una familia y ahora un restaurante, el Divino, donde sirve limoncello, un licor tradicional de su país, que, como él mismo, se adaptó al trópico.
"Mi llegada fue cosa del destino", dijo a ANSA Deluca, sentado junto a su esposa Yoandra Alvarez, cubana, con quien comparte la administración de Divino y de una finca de 20.000 metros cuadrados entregada por el gobierno "en usufructo" en 1999.

De hecho, Deluca, de 51 años, es un "cuentapropista" italiano en Cuba al ser favorecido por las nuevas leyes aprobadas por el gobierno del presidente Raúl Castro en los últimos cinco años.
Estas medidas permiten a privados operar unos 200 negocios y servicios.
Deluca es un informático de profesión y su esposa Yoandra, especialista en temas agrícolas. Forman un matrimonio con cuatro hijos y ambos además son granjeros que recibieron tierras del Estado en usufructo.
"Vine a cuba por vez primera de turista. Aquí un italiano me comentó que en La Habana había un gran centro de cálculo que tenía problemas. Pude contribuir a arreglarlo y me quedé", dijo sobre su arribo.
El incidente le permitió aplicar un programa de cálculo, el Assets, que usan muchas entidades cubanas estatales, incluyendo ministerios. DeLuca es hoy el presidente de la firma Assets.
El restaurante Divino está situado en el barrio de Nazareno, entre el campo y la ciudad, pero sólo a unos 10 kilómetros del centro de La Habana.

Regalo de la casa

Tiene capacidad para 50 comensales "como indica la ley cubana", advierte Deluca, y ofrece un momento de paz cercana a la que se le atribuye al paraíso. Su menú diario ofrece comida cubana e italiana. El limoncello es un "regalo de la casa".
"Se hace con limones especiales en Italia. En Cuba abusé un poquito de la fórmula y uso la cáscara del limón criollo, el alcohol de caña de azúcar. Hago un 'limoncello' italiano pero a la vez 'cubano'", sostuvo.
El 'limoncello cubano', con cierta licencia poética, se parece a su creador. "Extraño a Italia como todo italiano que se precie, pero ya no puedo sustituir a Cuba", dijo.
Si Divino es un típico negocio nacido en Cuba al calor de las transformaciones, con 14 empleados la finca La Yoandra es algo diferente.
Es considerada un jardín botánico en el cual además se cumplen "tareas comunitarias" y planes de ayuda social a familias de los alrededores, especialmente a niños.
Produce 107 especies de frutales, entre estos guayaba y también anón, chirimoya y guanábana, frutas autóctonas muy escasas y hasta raras actualmente por no haber sido priorizadas por los "planes estatales".

"Vengan a invertir"

DeLuca envió un mensaje a sus colegas empresarios italianos. "Pueden venir a invertir. Cuba estuvo casi paralizada por 50 años y ahora trabaja duro. Habrá que olvidarse de la imagen paradisíaca de tomar piña colada debajo de la palmera", advirtió.
El hombre, que es delegado en Cuba de la asociación italiana Sommeliers, muestra a ANSA con orgullo su bodega de "envejecimiento" del vino, una "cava", como la llama, que es "la mejor de Cuba". Con temperaturas y humedad constantes, como indica la mejor tecnología vitivinícola, guarda vinos excelentes y también colecciones de botellas de vino, cervezas, rones y refrescos de Cuba de otras épocas y de diversos países.
En esa especie de sótano, un empleado prepara Limoncello. "Ese es mi regalo a los amigos", subrayó.

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