Ni alimentos mágicos ni productos milagrosos existen para quemar grasa de forma permanente y segura. Si quieres eliminar ese chichito de la cintura o las caderas, tus mejores herramientas son: consumir menos calorías de las que quemas, saber seleccionar el tipo de grasas que ingieres -no todas son iguales- y ejercitarte consistentemente, coinciden varias profesionales de la nutrición.

Las dietas bajas o libres de grasa se popularizaron en la década de los 90, bajo la premisa de que a menor consumo de ésta, más rápida sería la pérdida de peso. Con los años, los enfoques de los regímenes alimentarios han cambiando según el tiempo y la moda, pero la grasa permanece como ese elemento no deseado. En parte, por razones muy justificadas, pues su exceso es sinónimo de enfermedad y libras demás.
Sin embargo, no hay que perder de vista que ningún régimen que limite en extremo o elimine nutrientes esenciales para la salud (incluidas las grasas) puede sostenerse a largo plazo. Más importante aún, si así fuera, su impacto en la salud y hasta el estado de ánimo es negativo.
En el caso de la grasa, la necesitamos en su versión ‘buena’ (monoinsaturadas y poliinsaturadas) y en cantidades recomendadas para mantener el sistema nervioso saludable, absorber vitaminas fundamentales (A, D, E y K, entre otras) y mantener la producción de hormonas, por mencionar solo algunas de sus funciones.
La cafeína
Constantemente, el mercado ofrece alternativas ‘milagrosas’ para aquellos deseosos de librarse de la grasa no deseada. Igualmente, se destacan de tiempo en tiempo ciertos alimentos como aliados para lograr esta meta.
La nutricionista y dietista Carla de La Torre, enfatiza que no hay alimentos específicos que logren este propósito. Sí hay evidencia de que la cafeína, consumida previo al ejercicio, puede aumentar levemente el metabolismo en reposo (metabolismo basal).
Investigaciones sobre este ingrediente, presente principalmente en el café, el chocolate y algunos refrescos indican que puede suprimir el apetito aunque no se ha sustentado que este efecto perdure a largo plazo. La cafeína también ayuda a estimular un proceso llamado termogénesis, que es la forma en la cual digerimos la comida y generamos calor corporal.
Sin embargo, es importante considerar que la cafeína tomada en exceso puede causar náuseas, aumento en la presión sanguínea, palpitaciones, insomnio, entre otros. Además, los refrescos, el café o sus bebidas derivadas contienen usualmente bastante azúcar y calorías. En caso de consumirla en pastillas, es importante hacerlo según las indicaciones y consultar con un médico para asegurar que no hay riesgos.
Otros ‘remedios’
La nutricionista y dietista Alexandra Rodríguez Quiñones, del Hospital Auxilio Mutuo, destaca que muchos de los productos que se promocionan como quema grasa lo que realmente hacen es provocar una mala absorción de esta sustancia.
“Pueden producir diarrea o problemas gastrointestinales”, enfatiza la nutricionista, quien al igual que sus colegas entrevistadas no recomienda el uso de estos medicamentos y las razones son varias.
La mayoría de los productos para perder grasa o peso no han sido aprobados por la Federal Drug Administration (FDA) y otros tantos han sido retirados del mercado por garantizar resultados que no ofrecen o provocar efectos secundarios, en algunos casos severos.
La FDA ha advertido al público acerca de la peligrosidad de estos productos que contienen ingredientes farmacológicos que no han sido evaluados. Algunos de estos son: Herbal Xenicol, Slimbionic y Xsvelten.
“Estos productos contaminados para bajar de peso representan un riesgo a la salud pública porque contienen ingrendientes sin identificar y en algunos casos, drogas recetadas que en cantidades que exceden las dosis recomendadas”, advirtió la agencia en uno de sus llamados, publicado en su página de internet.
En el portal de la FDA también esta publicada una larga lista de pastillas y bebidas que tienen ese perfil. Los riesgos de consumirlos varían en cantidad e intensidad pero incluyen: alta presión, taquicardia, ataque al corazón, arritmia y hasta muerte repentina.
Pacientes con ciertas condiciones de salud están en mayor riesgo de enfrentar consecuencias al consumir -sin saberlo- sustancias contenidas en los mismos que podrían empeorar su estado.
“Hemos tenido pacientes que han sufrido complicaciones con problemas del corazón y complicaciones cardíacas en general”, comenta Lilliam Rodríguez Báez, nutricionista y dietista en el Hospital Auxilio Mutuo.
Los alimentos
“No es cierto”, afirma la nutricionista y dietista María Rodríguez, respecto a la alegada propiedad quema grasa de ciertos alimentos tales como la toronja, el limón o el celery, entre tantos otros que se mencionan.
“Históricamente, hemos escuchado que alimentos como la toronja, el limón, el celery o las pastillas ‘naturales’ o ‘de hierbas’ ayudan a quemar grasa corporal. Esto no es cierto”, afirma la nutricionista de Smarter Eating en Guaynabo.
En cuanto a la alimentación, lo importante es mantener una dieta balanceada, con las calorías que necesitas, que incluya una cantidad moderada de grasas no saturadas y un mínimo de grasas saturadas.
Al primer grupo corresponden el pescado, los aceites vegetales, las nueces, aceitunas, entre otros. Mientras, los bizcochos, frituras, galletas, carnes y lácteos pertenecen al grupo de grasas que debes evitar.
El ejercicio como aliado
Si ya sabes que mantener la actividad física es fundamental para disminuir el por ciento de grasa corporal probablemente te preguntes qué tipos de ejercicios pueden ayudarte a lograr esta meta y mantener el resultado.
Una de las premisas que ha creado confusión respecto a este tema es que el ejercicio a baja intensidad es más efectivo para quemar grasa. En principio, es cierto que las actividades menos intensas requieren más fuentes de energía rápida (o sea, carbohidratos) y, a consecuencia, menos fuentes de energía en reserva (grasa). Sin embargo, el ejercicio más intenso te exige más esfuerzo y por lo tanto, al final, quemarás más calorías.
“Lo que te hace perder grasa es el déficit de calorías”, apunta de La Torre.
Así es que aquellos que debido a una condición médica o preferencia tengan que ejercitarse menos vigorosamente, deben incrementar el tiempo de ejercicio para eliminar, por fin, la grasa no deseada.

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