Cada modelo en un único color, eso es lo que han decidido Stella McCartney y Elie Saab a juzgar por las colecciones que presentaron hoy, lunes, en la Semana de la Moda de París, en la que también se decantaron por el encaje.

La diseñadora británica Stella McCartney se deslizó por el satén, la seda y la organza en una primavera-verano de fluidos tonos tierra que asumieron el cocodrilo y se recostaron sobre las flores.
La opacidad fue variable en los primeros vestidos que combinaron la transparencia de la parte inferior con las formas holgadas.
Los trajes de chaqueta y pantalón fueron de corte sobrio, recto, casi masculino, en una colección que optó deliberadamente por los conjuntos de un solo color o, como mucho, de combinaciones con blanco o negro.
A McCartney le gustó experimentar con la dureza de una "bomber" larga que desfiló en solitario, y con la delicadeza de prendas inspiradas en la lencería y ropa de cama, como los vestidos de encaje.
En la primera fila del desfile, que se celebró en la histórica ópera Garnier de París, estaban el ex Beatle Paul McCartney, padre de la diseñadora, además de la actriz mexicana Salma Hayek, la directora de Vogue, Anna Wintour, y el artista Jeff Koons. Sobre la pasarela, destacaron la modelo británica Cara Delevingne y la australiana Miranda Kerr, esposa del actor Orlando Bloom
Los estampados se redujeron a una reproducción de la piel de cocodrilo, cuyas escamas también tuvieron una versión en delicado relieve, y a las flores.
Entre los diseños más llamativos de una colección en teja, marino, tonos tierra y rosados, destacó el traje de cazadora y pantalón de encaje.
Los pantalones fueron de cintura muy alta, los tirantes se cosieron de forma asimétrica, y los escotes fueron en "V" pronunciada o en palabra de honor.
Jardín y gente
Elie Saab se refugió en unas prendas de jardín primaveral teñidas de los colores de las flores: el blanco de la camelia y los rosas de la zarzarrosa y de la buganvilla, además del verde de la hierba, a los que sumó el negro de la noche en la frondosa vegetación.
Con pespuntes románticos e incluso "gipsy", el modisto libanés desarrolló una nueva colección de cócteles con brocados, lentejuelas y mucho encaje.
A pesar de que es conocido por sus vestidos de noche, la apertura del desfile corrió a cargo de un mono de pantalón que resaltaba la cintura.
Potenció los finos cinturones y, en ocasiones, dio rienda suelta a la línea A -corte ajustado en el pecho que se va ensanchando hacia el suelo- en vestidos largos y sueltos.
Sólo se permitió salir del monocolor con una serie de prendas blancas con detalles de flores estampadas en tonos rosáceos -lo mejor de la colección-, y con unos modelos brillantes con destellos en plata, verde y rojo.
La naturaleza surcó en relieve algunos vestidos, mientras que los minivolantes dieron volumen a las faldas, y las líneas rectas estructuraron el encaje.
Olivia Palermo descubrió la colección desde la primera fila de un desfile que se celebró en un espacio construido en los parisienses jardines de las Tullerías.
Giambattista Valli presentó un "prêtporter”de cortes de original elegancia, con apuntes de origami y aperturas frontales, que incluyó vestidos transparentes con vuelo.

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