En una azotea en Bangkok, decenas de barricas llenas de un líquido verde burbujean bajo el sol. En su interior, algas comestibles conocidas como spirulina son la última innovación de la agricultura urbana, pero también una fuente alternativa de proteínas, según sus partidarios.

Tres veces por semana, Patsakorn Thaveeuchukorn cosecha la sustancia viscosa de intenso color verde. "Las algas crecen muy rápido, por lo general duplican su tamaño cada 24 horas", explica este empleado de EnerGaia, una empresa que las cultiva en las azoteas de varios edificios en la capital tailandesa.
"Es muy nutritiva. Es una gran fuente de proteínas. Si se compara con la carne, se necesitan seis meses para producir un kilo de carne vacuna. Pero esto lo podemos hacer crecer en una semana", dice, subrayando los beneficios de este organismo para la seguridad alimentaria.
La spirulina, considerada por algunos expertos en nutrición un superalimento, tiene cada vez más adeptos en todo el mundo. Pero su historia en la alimentación se remonta a varios siglos, señala Rosa Rolle, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Bangkok.
"Crece de forma natural en el lago Texcoco en México. Los aztecas la comían", dice. También existe en los países que bordean el lago Chad en África. "Es una fuente de proteínas para muchas personas", apunta.
Su consumo, sin embargo, puede causar algunos problemas de salud a las personas que sufren de gota, ya que implica la producción de ácido úrico, advierte, instando a los consumidores a informarse sobre los posibles efectos secundarios.
"Es necesario contar con información nutricional, pero la gente sin ninguna patología no debería tener ningún problema".

"Buenísima para los vegetarianos y veganos"

En Bangkok, las azoteas vacías de los muchos rascacielos son un lugar ideal para cultivar estas algas, que aprovechan la abundante luz y el calor tropical constante.
Gracias a la fotosíntesis, la spirulina también puede ayudar a luchar contra los altos niveles de dióxido de carbono, según sus defensores. Y además, al cultivarse en la ciudad, puede llegar a los consumidores en tan sólo unas horas.
Apenas se cosechan, las algas se transportan a un laboratorio donde se enjuagan y drenan en una máquina lavadora especialmente acondicionada. Luego, son compactadas a mano en jarras ya que por el momento ninguna máquina es capaz de procesar esta sustancia pegajosa y espesa.
"Ha habido mucho ensayo y error", dice Derek Blitz, director de tecnología de EnerGaia.
En los locales de la empresa, los primeros brotes de algas se cultivan en tubos de ensayo de todos los tamaños. En las azoteas, barriles de diversas formas se prueban para determinar cuál permitirá un mejor rendimiento.
"Es buenísima para los vegetarianos y veganos. También está llena de antioxidantes. Es realmente buena para purificar el cuerpo", argumenta Blitz .
Y aunque otras empresas ya están vendiendo versiones de spirulina seca o procesada, EnerGaia es la única en proporcionarla fresca, mejor aún para la salud.
"Comer spirulina seca es como comer verduras cocidas en vez de crudas, es un poco más nutritiva" cuando está fresca, apunta Blitz.
La desventaja es que fresca se debe consumir dentro de las tres semanas de la cosecha. Pero la compañía espera ampliar ese tiempo de vida útil para poder exportar el producto.

Pasta verde de spirulina

Algunos chefs de Bangkok ya comenzaron a probar este nuevo ingrediente y algunos se han convertido en verdaderos fanáticos.
"Es muy buena", señala Bill Marinelli, propietario del restaurante Oyster Bar, entre bocado y bocado de pasta verde hecha a base de spirulina. "La hemos añadido en algunos platos para aumentar el valor nutricional".
A pesar de su falta de sabor y del hecho de que todos los alimentos con los que se la mezcla al instante quedan verdes, el chef ha incluido estas algas en su propuesta gastronómica.
"Yo la veo como una alternativa a la proteína animal. Podemos reducir las proteínas que servimos, como carne o pescado, e incorporar la spirulina como fuente de proteínas", dice. "La veo más desde un punto de vista nutricional que culinario".
La spirulina se utiliza como suplemento dietético desde hace décadas, y es especialmente popular entre los culturistas. La pregunta ahora es si los consumidores estarán dispuestos a aceptarla como un sustituto de la carne o el pescado.
AFP

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