Siempre se las ha presentado como el enemigo público número uno de la salud y que gracias a los antibióticos se ha logrado ponerlas a raya. Son las llamadas bacterias o vulgares gérmenes, que también se pueden combatir con una serie de productos para desinfectar el hogar.

Pero, este panorama de guerra ha comenzado a cambiar, y hoy se sabe que miles de millones de bacterias que viven en el cuerpo, en especial en el intestino, son las mejores aliadas para mantenerse saludable. Y no se trata solo de un bienestar físico, sino también mental. Porque esos millones de gérmenes influyen a través de diferentes vías en los millones de neuronas que conforman el cerebro. Así pueden mejorar o empeorar el estrés, la ansiedad y, en general, el estado de ánimo de la persona.
Para la doctora Jane Foster, investigadora de la Universidad de McMaster, en Canadá, este conocimiento abre la posibilidad de utilizar las bacterias "buenas" para cambiar el equilibrio de fuerzas en el intestino e influir positivamente en la salud mental y el comportamiento de las personas.

Segundo cerebro
A las pocas horas de nacer, los bebés comienzan a ser colonizados por las bacterias que les traspasa la madre. Ellas, después de ubicarse en la piel y en todo el sistema digestivo del recién nacido, se multiplican y lo acompañan a lo largo de toda su vida. Los investigadores han comprobado en ratas que durante este primer período de la vida las bacterias influyen en cómo se cablea el cerebro, determinando los niveles de estrés y ansiedad que pueden afectar a ese animal. Asimismo, influyen en las conductas temerosas o exploratorias de estos roedores.
"Esto respalda la teoría de que en etapas tempranas de la vida existe un período en que las bacterias intestinales pueden afectar el cerebro y el comportamiento de la vida adulta", dice la doctora María Magdalena Farías, médico nutrióloga del Departamento de Nutrición de Clínica Las Condes.
Esta influencia la ejercen por vías nerviosas que funcionan de ida y vuelta. Según la doctora Ana María Madrid, de la Sociedad Chilena de Gastroenterología, "el intestino tiene un sistema nervioso conformado por millones de neuronas que se comunican con el cerebro a través de múltiples vías, las que llevan información del intestino al cerebro y también en sentido inverso".
Otra influencia de estas bacterias se produce a través del sistema inmune, que produce sustancias que viajan por la sangre y producen una respuesta en el sistema nervioso. Cuando, por ejemplo, se produce una infección digestiva y hay una respuesta inmune que inflama el intestino, aumentan los niveles de ansiedad de la persona. Algo que también se observa en quienes sufren de colon irritable. En estos casos, el uso de probióticos tiene el potencial de aliviar la inflamación, así como el estrés que sufre la persona.
"Desde hace algunos años, existe una amplia diversidad de productos lácteos con cepas específicas de probióticos como yogur, leches fermentadas y quesos, aunque también están presentes en aceitunas y chucrut", explica la doctora Farías.
La doctora Madrid destaca que ciertas cepas de estas bacterias son útiles, aunque para determinados síntomas, por lo que su indicación debe ser precisa.
 El Mercurio Chile

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