Mientras que un drama histórico como The Butler busca ilustrar el resultado del progreso de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en los Estados Unidos, Fruitvale Station dramatiza las cicatrices y las tensiones raciales que todavía existen en un país que a mediados del siglo pasado todavía segregaba a su población por el color de su piel.

Para lograr esto, el filme que estrena hoy en Puerto Rico dramatiza la historia verídica de Oscar Grant, un joven negro de 22 años que murió trágicamente cuando un policía le disparó en sangre fría después de un altercado en la estación de tren titular en Oakland, California.
De primera instancia, la crítica social del filme le da suma importancia a su tema central, pero lo que lo convierte en una experiencia cinematográfica trascendental es el ojo clínico utilizado por el director primerizo Ryan Coogler y la interpretación fenomenal de Michael B. Jordan en el rol principal.
Las circunstancias que rodean la muerte de Oscar Grant, quien estaba esposado y siguiendo las instrucciones de los oficiales que lo habían detenido después de un incidente violento que surgió en uno de los trenes, se presta para el tipo de melodrama que abruma al público con su panfleto de denuncia.
Sin embargo, el director opta por dramatizar el filme como un documental que sigue a su protagonista durante el último día de su vida. Esta decisión eleva la calidad del filme de varias formas. Con este enfoque dramático, el público no se topa con una víctima de un acto violento de prejuicio, sino con un hombre imperfecto que estaba a punto de comenzar a madurar.
Antes de este día, la vida había sido dura con Oscar, quien había estado encarcelado por vender drogas y quien puso la relación de la madre de su hija en riesgo al serle infiel. A esto se le añade un temperamento explosivo que lo dejó sin el único trabajo legal que tenía. Pero como todo ser humano no todas las cualidades del protagonista son negativas. Las escenas de Michael B. Jordan con la hija de Oscar de cinco años están diseñadas para romperle el corazón al público.
De hecho, las acciones del protagonista durante ese día demuestran que querer ser un mejor padre para su hija lo lleva a tomar ciertas decisiones que lo hubieran sacado del camino que lo conduciría a la cárcel. Durante la última sección del filme, la tensión es insoportable dado que el evento que lleva al altercado que trae la atención de la policía registra como un viraje cruel del destino.
En un filme donde todas las actuaciones son impecables, la que aguanta todo el peso del filme y deslumbra con su honestidad dramática es la de Jordan. Oscar es un rol complicado, pero el actor logra que cada matiz registre de una forma sutil y real. A ese mismo nivel llega la interpretación de Octavia Spencer como su madre. La presencia de la actriz es limitada, pero Spencer tiene dos escenas desgarradoras que superan la interpretación que le ganó el Oscar en The Help.
Armado con estas maravillosas actuaciones y con la dirección de un talento indiscutible, Fruitvale Station toma la confusión y la frustración de la tragedia de la muerte de Oscar Grant y la convierte en una experiencia cinematográfica emocional e inolvidable.

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