Malik Afridi dedica al menos media hora diaria a cuidar su bigote, que ha tardado años en crecerle y se ha convertido en su rasgo distintivo.

Tanto le importa, que no se deja amedrentar: este comerciante paquistaní ha recibido amenazas de muerte y ha sido secuestrado desde que el extremismo religioso -que sí promueve el uso de barbas en el país- intensificó la campaña en contra de los bigotes tupidos o extravagantes.

Afridi está dispuesto incluso a irse de la ciudad de Peshawar, en el oeste de Pakistán, donde vive con su familia. Pero afeitarse la barba, jamás.
BBC MUNDO

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