El nivel del mar Muerto desciende paulatinamente desde hace décadas.
El traspaso de agua de un mar relativamente saludable a otro que se está secando parece una medida de sentido común que no debería ser complicada, más allá del esfuerzo tecnológico y los costos que conlleva. Sin embargo, cuando son varios los países que se tienen que poner de acuerdo, el asunto se hace más espinoso. Especialmente si se trata de Medio Oriente.

Aún así, el primer ministro de Jordania, Abdulá Nsur, anunció esta semana la puesta en marcha de la primera fase de un plan para transportar agua desde el Mar Rojo al Mar Muerto.
El proyecto tiene un costo de unos $1,000 millones de dólares y le aportará a Jordania 100 millones de metros cúbicos de agua desalinizada al año.
Esto, para un país como Jordania, donde el 92% del terreno es desértico y la falta de agua un serio problema, puede ser la solución que muchos esperan.
Sin olvidar que el nivel del Mar Muerto -el lago situado a mayor profundidad y el más salado del mundo- desciende más de un metro al año y, de seguir a este ritmo, hay quienes advierten que para 2050 puede estar seco.
Scott Wells, profesor del departamento de Ingeniería Medioambiental en Portland State University, aclara, en entrevista, que no hay riesgo de que el mar Muerto se seque.
“Nunca se secará. Gradualmente descenderá y no habrá más evaporación, se convertirá en una especie de masa salada semilíquida”, explica.
El mar Muerto es muy profundo, el nivel del agua ha disminuido pero tiene 300 metros de profundidad. “Será un Mar Muerto al que no estamos acostumbrados. No será un Mar Muerto al que la gente querrá ir”, dice Wells.
El río Jordán, compartido por Israel, Jordania, Líbano, Siria y los Territorios Palestinos, está prácticamente consumido desde que, a comienzos de los años 60, los distintos países desviaran su corriente para destinar el agua a otros usos en la industria y la agricultura.
Y así, el Mar Muerto fue quedándose sin su principal suministro de agua.
“El agua en Medio Oriente siempre ha sido un problema difícil, la desaparición del mar Muerto es un síntoma del hecho de que los países río arriba son muy dependientes del agua de la cuenca del Jordán”, explicó Peter Gleick, presidente del Pacific Institute en Oakland, California.
Desde hace varias décadas, los expertos intentan contrarrestar la situación. Ha habido bocetos de proyectos pero, generalmente por motivos económicos, ninguno ha logrado materializarse.
El más ambicioso, el llamado Canal de los dos mares, o Canal del Mar Rojo al Mar Muerto, tiene un costo de cerca de $10,000 millones, según un estudio reciente del Banco Mundial.
También se ha considerado la posibilidad de trasvasar agua desde el Mediterráneo o desalinizar agua para hacerla llegar a las zonas que más la necesitan.
“Estos proyectos siempre han sido muy controvertidos, extraordinariamente caros y para poder avanzar en una manera exitosa hay que tener acuerdos entre las distintas entidades políticas de la región”, señala Gleick, quien agrega que "estos han demostrado ser desafíos muy difíciles de superar".
Opiniones enfrentadas
Sin embargo, el gobierno de Jordania se muestra optimista. “El alto costo del proyecto del canal entre los dos mares impulsó al gobierno a proponer ideas como la que presentamos ahora que calificamos como 'primera fase'", declaró ante la prensa el ministro del Agua jordano, Hazem Nasser.
Si bien reconoce que la iniciativa jordana es una porción más pequeña del plan inicial, Peter Gleick sigue creyendo que es improbable que se pueda realizar. "Todavía no hay un acuerdo entre todas las partes, el mar Muerto lo comparten Israel, Jordania y los palestinos y tiene que haber un acuerdo para hacer los trabajos.
BBC Mundo

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