Seguro que alguna vez viste una pareja tan similar entre sí que más que novios parecen familiares o hermanos (¡aunque ni siquiera ellos se den cuenta!). La ley de atracción de los polos opuestos no se aplica en todos los casos, y es por eso que, aunque algunos eligen una pareja diferente, otros se sienten atraídos por lo que les resulta familiar y conocido.

"La atracción entre personas parecidas en general tiene que ver con rasgos que ven en el espejo y les gustan, entonces los buscan en el otro", explicó la psicoanalista Ana Krieger, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). "Esto indica un apego a lo familiar. Si una mujer se fascina con un hombre que sin notarlo le recuerda a su padre cuando era joven o a un tío o hermano mayor, seguramente es porque porta rasgos similares en su propio rostro. Es muy humano buscar lo conocido, porque es lo que uno revistió de libido o energía erótica", agregó.
El doctor Ricardo Rubinstein, médico psicoanalista, miembro de APA y autor de los libros Deportes al diván y El nunca jamás en el siglo 21 coincidió con Krieger y explicó que esto se relaciona con el narcisismo: "Hay personas que por una cuestión de imagen de sí lo que buscan es algo parecido a sí mismos. Esto tiene que ver con el narcisimo, el amor con uno mismo", dijo.
El especialista agregó que muchas veces existe temor a lo desconocido: "Puede ser que la relación amorosa con el diferente sea algo que se tema o que dé rechazo, porque lo que se ama es la extensión de uno mismo a través de la imagen. Algo parecido genera más seguridad y tranquilidad que lo desconocido, y requiere menos esfuerzo por comprender al otro".
Como explicaron los especialistas, elegir a alguien parecido es más fácil que aventurarse en el camino de lo diferente. Es muy natural sentir atracción por un rostro que nos resulta familiar y que asociamos con una imagen que nos gusta y nos genera placer.
"Lo que los psicoanalistas llamamos "la condición erótica" tiene que ver con algún rasgo de amor infantil por alguien que estuvo cerca, y cuando aparece una persona que nos rememora esa situación en algún rasgo, como la boca, nariz, sonrisa, ojos o mirada, produce un hechizo imposible de evitar . Y mucho más si el parecido es con uno mismo", concluyó Krieger.
GDA

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